Hay días en los que todo parece ser insulso y sin sentido. Días de profunda depresión inexplicable. Yo me defino como una persona que suele tener depresiones sin previo aviso... y no son por puro gusto. Son quizás por el ansia que me causa esta vida estresante. Pensar en el trabajo, en lo que quiero que se convierta mi futuro, en lo que quiero para mi presente y en los que quiero. A todo el mundo le preocupa lo mismo, solo que algunos son más fuertes y otros a veces, caemos en el pesimismo más oscuro, ese que nos lleva a una cueva para convertirnos en sus rehenes. Que nos secuestra, esperando el rescate, que siempre es algo inesperado, positivo o negativo, pero que cambia la monotonía en un instante y nos dice : VETE!
Pero la estancia en ese desesperante secuestro, es tan necesaria, al menos para mi, como respirar. El sentirme oprimida, me da fuerzas para buscar mi libertad. El sentir miedo, me da fuerzas para buscar valentía.
Será que en algunos momentos de mi vida, necesito el mal, para reconocer el bien, porque se me olvida, porque me derrumbo, porque no puedo con tanta presión social, con tanta moral, a veces innecesaria para sobrevivir en la selva gris.
Algún sicoanalista, definiría mi estado como el SÍNDROME DE ULISIS, el Síndrome del inmigrante. Otros como el paso que todos damos de la adolescencia sin problemas, a la madurez para enfrentar todo aquello a lo que temo.... tememos.
Pero yo me autodefino como una persona normal, ni de acá ni de allá, que simplemente reconoce su depresión para que los demás no sean victimas de mis altibajos de humor. De mi repentina inestabilidad emocional.
Ahora mismo, no estoy así, ahora mismo encontré algo que me devolvió las ganas de crear, de innovar, de mejorar un poco todo lo que me hace mal, empezando por mí. Pero todavía le falta mucho a mi proyecto... le faltan pisadas para serlo. Y por eso hoy, me levanto y se que lo hago por algo, y no me cuestiono a mi misma para que hago lo que hago.
Hoy siento que quiero ser libre, que quiero hacer lo que sea para ver el sol cada mañana asomar por mi ventana. Pero esto puede cambiar... y no le tengo miedo, ni lo digo deseándolo, simplemente sé que es así... y que siempre me voy a volver a levantar, porque no hay ninguna piedra lo suficientemente grande como para dejarme tirada. Ni tanta profundidad para ahogarme, ni ningún sueño, que aunque sí terminable, inalcanzable.

No sabes lo que me alegra que de nuevo te sientas libre, pero prudencia, pues el cautiverio puede hacerte imaginar o inventar cosas que nublen tu estado mental.
En todo caso, el creer que de nuevo eres libre, sea ésto real o no, te ayudará y mucho, al menos por un tiempo.
Ánimo.
;)
El Miedo es uno de los árboles más fuertes.
Observa:
http://es.geocities.com/misteriosdenuevayork/miedo.html